ESPIRITUALIDAD A LA CARTA
Entre los años cincuenta y sesenta, con la contracultura, el consumo de psicodélicos ayudó a fabricar otro evangelio: la “ expansión de la mente”. Bajo el efecto de estas sustancias, la persona experimenta estados intensos que luego reetiqueta como “ revelaciones”. Y ahí aparece una disputa más marcada: no porque la ciencia haya perdido autoridad, sino porque el adepto decide que su alucinación está por encima de cualquier explicación. El argumento estrella —ya desde finales de los sesenta— no es una tesis, ni una evidencia, ni siquiera una coherencia: es un eslogan. No me creas, experiméntalo. La frase suena democrática, pero es una trampa: reemplaza la discusión por la intoxicación, y confunde la vivencia con el conocimiento. El problema de esa “ experimentación” es doble. Primero, no existe una medida universal para la dosis que cada persona “ debería” consumir: con frecuencia se opera por tanteo. Segundo, cada individuo vive episodios distintos, y esas diferencias no son un mister...